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Capítulo 1: Nuestra desesperada lucha

[dropcap]D[/dropcap]os gotas de sudor recorrieron el frío vídrio del vaso desde el que se precipitaron hasta llegar al plastiacero de la barra. Había acabado su último trago, pagado con sus últimos créditos y con ello también acababa la esperanza de encontrar lo que llevaba días buscando… Sólo le quedaba caerse muerto en cualquier tugurio como los que llevaba días recorriendo, esperando que alguien le condujera hasta cualquier contacto de lo que el gobierno llamaba: la escoria rebelde.

Con suerte, podría sacar un poco de dinero por lo que llevaba encima, su viejo abrigo de piel, su pistola bláster y su anillo… Bueno no… Su anillo no…

-¡Eh tú! -le llamó el camarero, un hombre joven y por su temblorosa voz, no muy valeroso… – Esos de ahí dicen que tienen algo para ti.

Row, que así se hacía llamar desde hace unos meses, giró la cabeza para encontrar a un extraño grupo que le observaba y no le perdía ojo: el primero de ellos, el cual era imposible no fijarse en él, era un hombre de mediana edad, de complexión fuerte, cabello y barba de color claro, que vestía un mono color gris lleno de manchas. Parecía a simple vista un mecánico de aerodeslizadores o un limpiador de alcantarillas. Le seguía a un lado un pequeño ser encapuchado, un jawa de brillantes ojos, muy raro porque estaba seguro de que los jawas no andaban por ahí solos sin la presencia del resto del grupo…. y cerraba la comitiva un encorvado droide, no tenía ni idea dequé modelo era ni cuál podría ser su función, pero tenía más porquería encima que el jawa y el humano juntos, y eso era mucha.

-¿Te conozco de algo? -preguntó Row al humano, mientras deslizaba su mano derecha por la cintura hasta la pistolera.

-Sí claro, soy el que te puede sacar de este antro muerto tirando de tus pies si sacas ese bláster… mi amigo guardaespaldas te está apuntando.

Miró las extremidades del droide, buscando en lo que parecían ser brazos algún tipo de cañón, pero no lo encontró; entonces se dio cuenta que se había fijado en el acompañante equivocado…

-No sé quiénes sois, no os he visto nunca. – Row quería desaparecer de allí, pero si esos tipos eran o trabajaban con la rebelión sería su último ticket de embarque.

-Ah, ¿no? En ese caso nos iremos, perdón por el tiempo perdido… – los tres personajes se giraron con cautela, se dirigieron al lado contrario de la puerta principal de entrada. Salieron por lo que parecía una segunda puerta estrecha. El último en salir, el humano de cabello claro, dejó visible a propósito en el último momento una hombrera que llevaba cubierta por sus ropas con un símbolo que Row reconoció al instante…

Una hora después, había recorrido las angostas callejuelas acompañando a esa chusma y aguantando su apestoso olor a cloaca, para apenas sacarles nada de información. El humano no se había presentado, pero todo parecía indicar que era un soldado o un piloto. El jawa que respondía al nombre de Swiv era su “guardaespaldas” pues nadie tendría en cuenta a un pequeño alienígena encapuchado, salvo que descubriera los dos bláster pesados modificados que ocultaba en sus amplias mangas y su terrible puntería. Y el tercero del grupo, el droide mugriento, emitía por lenguaje una serie de chasquidos como toses, sumado a su aspecto encorvado podría pasar por un anciano mendigo, respondía al nombre de “Nio”, o algo parecido. Llegaron a un estrecho callejón cubierto de toldos para aliviar la llovizna que les había acompañado durante el trayecto, y en ese momento, el humano se detuvo y se situó muy cerca de su cara.

-Dame tu bláster y ven con nosotros, sé que has estado preguntando por ahí, y afortunadamente, alguien nos lo dijo a tiempo; y digo esto porque alguien también se lo dijo a la guarnición imperial que controla la ciudad, así que chico, te están buscando.

No había más opciones, se fiaba de ellos tan poco como ellos se fiaban de él, pero no quedaba otra. Se desabrochó la pistolera y se la entregó al jawa, que rápidamente la hizo desaparecer entre los pliegues de su túnica. Una fina sonrisa se dibujó en los labios del humano, para decir a continuación – Bienvenido, es por aquí. – y deslizó su cuerpo por una tapa de alcantarillado de residuos.


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[dropcap]N[/dropcap]ecesitó una ducha para sacar de su cuerpo el hedor nauseabundo. Le prestaron algo de ropa, alguna talla superior a la suya, mientras le enseñaban por encima las recónditas instalaciones de lo que parecía una pequeña base subterránea. No vio más de una docena de personas, entre humanos y otros alienígenas de especies desconocidas para él. Le tomaron una muestra de sangre y le dieron un caldo y un poco de carne fría.

Después le condujeron a lo que parecía ser un almacén convertido en un despacho, donde se encontró con dos humanos que parecían ser líderes de aquel grupo.
El primero de ellos era un hombre veterano, de aspecto curtido y mirada fría, llevaba el pelo corto y una cicatriz desde la frente hasta la nuca. Por su porte y vestimenta tenía toda la pinta de ser un militar. No le prestó mucha más atención porque a su lado, sentada sobre el borde de la mesa, había una preciosa mujer, joven, de intensa mirada, que le dejó atónito porque era todo lo que nunca habría imaginado encontrarse allí. Recorrió rápidamente su esbelto cuerpo y retiró la mirada para no parecer grosero, pero ella se había percatado al momento del escaneo al que había sido sometida.

– Hola, señor Row – Le saludó el hombre curtido, sin hacer ademán alguno de estrechar la mano. – O como quiera que se llame, porque sabemos que no es su verdadero nombre. Creo que nos andaba buscando, todavía tengo dudas de qué hace aquí, por qué debería confiar en usted y por qué no le han liquidado Doranor y Swiv.

– Quiero unirme a la Rebelión. –Intentó guardar la calma, la situación era tensa.- El imperio ha destruido mi vida y tengo una información que os puede ser útil. Soy piloto.

La mujer joven se incorporó y cruzó los brazos, ladeando ligeramente la cabeza.

-Que hayas volado alguna chatarra comercial transportando mercancías no te convierte en piloto de combate. Además, no creo que tengas aquí una nave que volar, ¿me equivoco?

Sentía una fuerte presión, estaba intentando buscar las palabras correctas para no echar todo a perder.

– Ummm, no. Pero puedo deciros dónde hay un hangar lleno de cazas que poder robarle al Imperio, y estoy seguro que ayudarían a combatir el bloqueo que está asfixiando vuestra desesperada lucha.

La mujer giró la cabeza hacia el veterano líder, y éste, clavando su mirada en Row, tomó una enorme cantidad de aire antes de zanjar la conversación con sólo tres palabras:

– Nuestra desesperada lucha.


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[dropcap]N[/dropcap]o había pasado ni un ciclo solar cuando, al abrigo de la noche, seis figuras se deslizaban tras los muros de la zona aeroportuaria a la que Row les había llevado. El que andaba en cabeza, alzó la palma de su mano enguantada y los demás se detuvieron en silencio. Unos cuantos pasos por delante, una pareja de stormtrooper caminaban despacio en lo que parecía una guardia rutinaria.

La zona estaba demasiado iluminada para lo que el comando hubiera deseado, pero las altas torres eran a su vez un excelente puesto de francotirador. Ahí arriba y con la intensidad de la luz, era imposible que nadie les viera. A una señal, los dos soldados de asalto que acababan de pasar por delante de la zona donde se escondían cayeron abatidos sin apenas más ruido que el que hicieron al chocar sus armaduras entre ellas y contra el suelo.

Salieron de su escondite agazapados, pero con rapidez recogieron a su paso las armas de los imperiales; siguieron en fila hacia el hangar 18. Allí, en las gigantescas puertas de la entrada, otra pareja de soldados permanecían apostados uno a cada lado. El Comandante, que iba en segundo lugar en la comitiva se dispuso a hablar por el intercomunicador alojado en su casco.

– Alfa Nueve, ¿línea de visión a los objetivos?
– Afirmativo Alfa Uno. – Contestó su interlocutor al otro lado del comunicador.
– Alfa Nueve, son vuestros.

En unos segundos, los soldados que custodiaban las puertas cayeron fulminados también sin apenas ruido. Sólo unos metros más les separaban de la entrada al hangar y el pequeño grupo de sombras recorrió esta distancia a toda velocidad.

– ¡Vamos, vamos vamos!

Row fue el primero en entrar al hangar, esa era la orden, seguramente fruto de la desconfianza a que todo fuera una trampa. Podía oír los pasos del resto no muy alejados de su carrera. Dispuestos en dos líneas, una frente a otra en ambos costados, distinguieron las siluetas de varios cazas aeroespaciales.

-Tenemos muy poco tiempo, ¡ya sabéis lo que debemos hacer! Row y Doranor, colocad cargas explosivas en el resto de aeronaves; Sólo seis con un sólo piloto saldrán de aquí, las demás quedarán inutilizadas para el Imperio.

Nada más colocar la última carga, todas las luces de emergencia se tornaron a un intenso color carmesí, mientras sonaba una atronadora sirena de alarma. Las puertas de entrada comenzaron a cerrarse muy lentamente mientras que a lo lejos se divisaba un pequeño grupo de soldados imperiales y funcionarios.

– ¡Todos fuera, no tenemos invitación para esta fiesta! – Les gritó el Comandante desde la escotilla de su caza mientras ésta bajaba para quedar presurizada.

Row corría en dirección a la aeronave que se suponía debía pilotar, pero a escasos pasos una cortina de fuego de bláster le llovió encima. Tuvo que refugiarse tras unos contenedores y estudiar en segundos cómo llegar a su Headhunter. Los ensordecedores silbidos de los cazas despegando le dejaron medio aturdido, pero el primero en salir, el de la capitán Weiss disparó sus láseres contra las tropas que intentaban detenerles inútilmente. Eso le dio un respiro y pudo cruzar la distancia que le quedaba para saltar sobre su Z-95, encender su nave, y cerrar su cabina. Una tras otra iban despegando y, en un instante, lanzó su control hacia delante justo en el momento que las cargas explosivas cercanas detonaban…

La onda expansiva viró peligrosamente la orientación de la nave que estuvo a punto de estrellarse contra la puerta del hangar. Cuestión de reflejos, Row giró los controles para salir de costado, con un ala rozando el suelo. La computadora del “Zeta” le avisó de daños en el casco, pues no había tenido tiempo siquiera de subir sus escudos deflectores.

Una tras otra, en línea, seis astronaves se elevaban hacia el cielo entre carcajadas y vítores de alegría de los pilotos rebeldes que las acababan de robar al Imperio. Row, con las pulsaciones aceleradas por lo justo que le había ido, se limitó a aspirar grandes bocanadas de aire y a secarse el sudor de su rostro.

Continuará…

Comentarios

Comentarios
  • Leonhart0401

    Marzo 18, 2016

    Dices que la continuación sale ya? Ahora? Cuando acabe de escribir esto? jeje Buen comienzo!

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  • Borgortez2

    Marzo 18, 2016

    ¡Fantástico relato Jovi! Unos tiempos oscuros, pero agradezco que te pares a describir sus historias 😛

    Responder
  • sagremor3

    Marzo 19, 2016

    Bravo!! No esperaba relatos, es una muy agradable sorpresa! Por favor no pares, yo ya quiero saber más, sobretodo de la chica despampanante..jejeje..felicidades!!

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